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Cómo podemos ayudar a sanar el Mundo

Al igual que la gente de todo el mundo, estoy horrorizada y desconsolada por los devastadores acontecimientos de Ucrania.  La pregunta que me ronda constantemente por la cabeza es: ¿qué puedo hacer? ¿Cómo puedo, desde mi posición a miles de kilómetros de distancia, ayudar a sanar nuestro mundo? 

Puede parecer una tarea imposible.  Como cada uno de ustedes, apenas soy una partícula en el universo.  Puedo apoyar a las organizaciones benéficas que se ocupan de las necesidades humanitarias, asistir a las protestas, apoyar al periodismo ucraniano, pero….  Me parece tan insignificante comparado con el alcance de esta crisis.

Por eso he decidido hacer otra cosa, algo muy sencillo pero profundo, que creo que realmente puede ayudar a sanar nuestro mundo: 

Rezar.

Por rezar, no me refiero a ir a la iglesia, la sinagoga o la mezquita y repetir el Padre Nuestro. Como he dicho antes, no asocio la oración con la práctica religiosa.  Más bien veo la oración como un estado de la mente y del corazón: de quietud, de conciencia, de paz. La oración no es tanto una acción como un lugar de descanso interior, de receptividad y de amor.

Cuando estamos en ese lugar, la magia puede ocurrir:

  • Estamos mejor equipados para ser un instrumento de paz y armonía dentro de nuestra propia esfera de interacción: nuestra familia y nuestra comunidad. 
  • Estamos en modo de dar. La energía y las vibraciones que enviamos están llenas de paz y compasión, la paz y la compasión que yo deseo para el mundo. Al cultivar ese sentimiento en nuestro interior, podemos ser una fuente de luz y defensores silenciosos de resultados pacíficos.  
  • Podemos hablar a nuestros hijos con delicadeza, infundiéndoles respeto por la paz y la compasión para que ellos también puedan ser defensores silenciosos y fuentes de luz.  
  • Estamos llenos de gratitud, incluso por las cosas más simples, como tener comida en el plato.  También podemos inculcar esto a nuestros hijos.  Como la luz, la gratitud se extiende.
  • Nos recuerda que no estamos solos.  Que formamos parte de algo mucho más grande que nosotros mismos y que sólo podemos controlar nuestras acciones y elecciones, un minuto a la vez.

El acto de rezar no tiene por qué ser complicado.  Podemos rezar en cualquier momento y en cualquier lugar.  La oración es la expresión más personal e íntima de nuestra fe en cualquier fuerza en la que creamos. 

Ahora más que nunca, únete a mí en oración.  Cierra los ojos.  Respira.  Establezcamos juntos la intención de paz y curación en nuestro mundo.