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El Dolor es Personal. Cómo Hablar Sobre el Tuyo.

Pain is personal

Es probable que alguna vez un doctor, dentista o fisioterapeuta te haya pedido que describas tu dolor en una escala del uno al diez.

Pero ¿cómo, exactamente, es posible eso? ¿Cómo se siente el nivel dos? ¿Qué diferencia al tres del cuatro? Y si estás en el nivel diez, que es el peor dolor que puedes imaginar, ¿puedes seguir consciente y coherente? La primera vez que tuve una migraña, la hubiera descrito como el peor dolor imaginable, pero después de una cirugía que estaba destinada a extirpar un tumor de la glándula suprarrenal, resultó que esa suposición era incorrecta.

En ese momento, había una bitácora al lado de mi cama de hospital con las palabras “HERRAMIENTA DE EVALUACIÓN DEL DOLOR” en mayúsculas gritonas en la parte superior. Debajo de las letras, estaban los números del uno al diez, y debajo de la escala numerada había una fila de rostros, dibujos animados, destinados a demostrar cómo se suponía que debía lucir tu dolor. Al menos uno de ellos parecía un emoji estreñido.

  • 0 era una carita sonriente de color verde: Sin Dolor
  • 1 al 3, un verde incómodamente amarillento: Leve
  • 4 a 6, una mueca adolorida, color ámbar pálido: Moderado
  • 7 al 9, un alarmante ceño fruncido, anaranjado: Severo
  • 10, un nevo rojo chillón: El Peor Dolor Posible

Recuerdo a la enfermera apuntando al centro de la escala y preguntando “¿cuánto le duele? ¿alrededor del cinco?”

Ya sin poder describir cómo me sentía, estaba desconcertada. ¿Cómo podría alguien estar seguro de cómo esta escala del uno al diez se aplica a otra persona?

“Nueve,” respondí, y pude ver por su expresión que dije la respuesta incorrecta. Insistí, “no es un diez, pero sí un nueve.”

“Bueno…” dijo ella, dándose golpecitos en la barbilla con su pluma.

Pensándolo ahora, me doy cuenta de que la única respuesta correcta es esta:

El dolor es personal. Es único. Mi dolor y tu dolor no son intercambiables. Y el mío ciertamente no se ve como un emoji estreñido.

Entonces, realmente ¿cómo podemos describir o calificar nuestro dolor único, cuando lo experimentamos? Aquí hay algunas alternativas, del 1 al 10:

Usa metáforas que tengan un significado para ti

De camino a casa, después de la cirugía, sentí como si cada bache en la carretera enviara una jabalina de dolor a través de mi estómago. Las jabalinas son largas. Podrían atravesar tu cuerpo. Son terriblemente afiladas. Una jabalina de dolor es insoportable. Alto en la escala. Más abajo en la escala, podría haber una aguja o un alfiler. Quizás otros tipos de metáforas resuenen contigo: el sentirte asfixiado por algo muy pesado o la presión de un tornillo de banco. Elige un conjunto de metáforas que se sientan adecuadas al comunicar tu dolor y utilízalas de manera consistente.

Escoge tus adjetivos intencionalmente

El dolor puede ser agudo o sordo, caliente o frío. Puede dispararse rápidamente a través de ti antes de desaparecer, o permanecer como un mal recuerdo que no te puedes sacar de la cabeza. Profundo o superficial, estrecho, puntiagudo o sofocante; son algunas otras características que tu dolor podría tener. La lista es interminable. Piensa en los adjetivos que se te vengan a la mente cuando algo te duele. Anótalos y construye un léxico para usarlo cuando sea necesario.

Habla sobre cómo te hace sentir el dolor

¿Tu dolor te impulsa a acostarte durante quince minutos antes de reanudar tus actividades, o te manda permanecer en la cama todo el día? ¿Te sugiere que te quejes suavemente hasta que se pase, o te ordena hacerte bolita y gritar? Solo tú puedes medir el efecto de tu dolor en ti. Intenta hablar de este efecto, en lugar de elegir un número.

Debido a que el dolor es complejo, puede que necesites seleccionar y elegir entre cada una de estas categorías, mezclar y combinar para transmitir el sentimiento que mejor describa tu experiencia en un momento dado. “Un pinchazo que me hace lloriquear suavemente de dolor hasta que pase”, “Un tornillo enterrándose en mis sienes, haciendo que mis ojos se sientan demasiado grandes para sus cuencas. Tengo miedo de moverme.” (Esa era yo, después de mi primera cirugía).

Cualquiera que sea el caso, recuerda: no hay una respuesta correcta o incorrecta, sólo la tuya.